Yoto comercializa un aparato que cuenta historias a los niños. Para su vídeo de presentación doblamos al francés a los niños filmados en pantalla, a los padres y a la voz que narra, con una exigencia propia del formato publicitario: seguir el original lo más de cerca posible, sin añadir nada.
Encontrar las voces adecuadas. El vídeo muestra a niños y adultos en pantalla, y eran ellos a quienes había que doblar. Reunimos así a actores jóvenes y adultos cuya edad, timbre y energía se correspondían con los perfiles que se veían en imagen.
Niños, con una sincronización muy precisa. En una animación, la interpretación deja a veces algo más de libertad. Un soplo, una risa o una onomatopeya pueden vestir una línea. Aquí, los jóvenes actores tenían que seguir con precisión a los niños presentes en el vídeo original: su fraseo, sus pausas, su ritmo. Y todo ello manteniendo una interpretación natural. Ese era el verdadero reto del proyecto.
Niños, padres y una narradora. El vídeo no se sostiene únicamente sobre las voces infantiles. También están las voces de los padres y una voz en off que no dobla a nadie: narra. El proyecto reunió un conjunto de voces de niños y de adultos, de estilos distintos.
Dos públicos a los que convencer. El aparato Yoto está pensado para los niños, son ellos quienes lo usan para escuchar historias. Pero son los padres quienes deciden la compra. El vídeo debe dirigirse por tanto a los dos a la vez. Y tenemos que pensar en ese doble público en cada etapa. Porque mucho se juega en la elección de las voces y en la dirección: mantener la espontaneidad y la energía que hablan al niño y, al mismo tiempo, dar confianza a los padres.
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